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viernes, 8 de julio de 2016

Bicentenario de la Independencia






200 años de nuestra Independencia. Qué tiempos aquellos, deben haber sido bravíos, pero qué fervor mi Dios, que belleza debe haber sido ese día de firma de la Independencia, cuánta alegría...


Que no volvamos a ser colonizados, que seamos una nación respetable, basta de odios, de enconos terribles, de escraches, de corrupción,

Necesitamos de unos gobernantes todo coraje, de una ética a toda prueba, de un amor por el país como aquellos que nos legaron esta bendita Independencia.

Firmemos la capitulación de la corrupción, de la Justicia comprada, del egoísmo empresarial, de los odios mezquinos que tanto daño nos han hecho.

Maduremos, seamos serios, la caída en todo ha sido sitemática desde hace décadas, pero todavía es posible salir y volver a ser un gran país...

Agrego el famoso Poema Conjetural de Jorge Luis Borges en el que habla de Francisco Laprida, presidente del Congreso de Tucumán, lo pongo en este post como recordatorio de lo que ya no debe ser este país, un rejunte de patoteros y asesinos a sueldo, sino la convocatoria de hombres buenos y generosos, héroes cotidianos, profesionales.... que deseen la construcción heroica de un país como dije digno de esos hombres que firmaron la Independencia , en 1816.


POEMA CONJETURAL

El doctor Francisco Laprida, asesinado el día 22 de setiembre de 1829
por los montoneros de Aldao, piensa antes de morir:


Zumban las balas en la tarde última.
Hay viento y hay cenizas en el viento,
se dispersan el día y la batalla
deforme, y la victoria es de los otros.
Vencen los bárbaros, los gauchos vencen.
Yo, que estudié las leyes y los cánones,
yo, Francisco Narciso de Laprida,
cuya voz declaró la independencia
de estas crueles provincias, derrotado,
de sangre y de sudor manchado el rostro,
sin esperanza ni temor, perdido,
huyo hacia el Sur por arrabales últimos.
Como aquel capitán del Purgatorio
que, huyendo a pie y ensangrentando el llano,
fue cegado y tumbado por la muerte
donde un oscuro río pierde el nombre,
así habré de caer. Hoy es el término.
La noche lateral de los pantanos
me acecha y me demora. Oigo los cascos
de mi caliente muerte que me busca
con jinetes, con belfos y con lanzas.
Yo que anhelé ser otro, ser un hombre
de sentencias, de libros, de dictámenes
a cielo abierto yaceré entre ciénagas;
pero me endiosa el pecho inexplicable
un júbilo secreto. Al fin me encuentro
con mi destino sudamericano.
A esta ruinosa tarde me llevaba
el laberinto múltiple de pasos
que mis días tejieron desde un día
de la niñez. Al fin he descubierto
la recóndita clave de mis años,
la suerte de Francisco de Laprida,
la letra que faltaba, la perfecta
forma que supo Dios desde el principio.
En el espejo de esta noche alcanzo
mi insospechado rostro eterno. El círculo
se va a cerrar. Yo aguardo que así sea.

Pisan mis pies la sombra de las lanzas
que me buscan. Las befas de mi muerte,
los jinetes, las crines, los caballos,
se ciernen sobre mí... Ya el primer golpe,
ya el duro hierro que me raja el pecho,
el íntimo cuchillo en la garganta.

Jorge Luis Borges

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