"Varios artistas y escritores de los siglos XIX y XX rechazaron el patrimonio cultural de Occidente y lo que la modernidad iba haciendo con él. Les interesaban poco los avances de la racionalidad y el bienestar burgueses; el desarrollo industrial y urbano les parecía deshumanizante. Los más radicales convirtieron este rechazo en exilio. Rimbaud se fue al África, Gauguin a Tahiti para escapar de su sociedad "criminal ", "gobernada por el oro"; Nolde a los mares del sur y a Japón, Segall a Brasil. Quienes se quedaron, como Baudelaire, impugnaban la "degradación mecánica de la vida urbana ".
Néstor García Canclini
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