"La memoria misma —la capacidad de describir este momento fundacional de las desgracias de la casa de Argos— empieza a tensarse y desmoronarse bajo el peso terrible del pasado. El énfasis en el silencio y la palabra en las dos estrofas que hemos escuchado prepara el terreno para la
aposiopesis *que sigue; como si estos ancianos ya supieran que el final debería quedar omitido, innombrable y sin decir. Es como si, al evocar con palabras la terrible escena de Áulide, iniciaran también una reflexión sobre la imposibilidad de continuar el relato; como si, ante la claridad angustiosa de la escena que describen, intuyeran ya que su discurso será incapaz de mostrar el cuadro completo, que tendrán que dejarlo fragmentado, dejándonos una imagen que sirva de sinécdoque de toda la narración. La muerte [de Ifigenia] se desvanece al mismo tiempo que se describe. […] Su silencio, su desnudez y su transformación en una suerte de objeto visual susceptible de una descripción vívida forman parte de la narración: en esta historia, Ifigenia se convierte en imagen. En el momento de su muerte, se transforma no en un animal, sino en una representación mimética, en una pintura. […] Este recuerdo del intento de Agamenón de convertir a su hija en una muda bestia de sacrificio nos revela algo sobre la imposibilidad de recordar la atrocidad. La muerte de Ifigenia empieza a ocultarse tras una nube de lenguaje y gestos que la velan, y es el discurso claro —la memoria misma— lo que resulta aniquilado. Ante la tarea de expresar lo inexpresable, recurrimos al lenguaje literario. Hablamos mediante figuras que, esperamos, oculten lo innombrable y, al mismo tiempo, lo hagan legible. Así, la tarea de recordar y narrar el sacrificio de Ifigenia guarda cierta semejanza con la ejecución del propio sacrificio: en ambos casos debemos avanzar hacia lo imposible, con la esperanza de que, en el instante final, el hecho sea elidido o sustituido por alguna transfiguración salvadora. Del mismo modo que los ancianos interrumpen su relato antes del momento crítico, Agamenón alberga la esperanza de que algo transforme o trasmute a Ifigenia, de suerte que el acto imposible se convierta en algo posible, tal como Isaac fue sustituido en el último instante bajo la cuchilla de Abraham. Agamenón intenta lograr esto por sí mismo en dos ocasiones: primero, silenciando a Ifigenia —un intento de reducirla a un estado mudo y bestial— y, segundo, olvidando (o «reduciendo a la nada») la posición que ella ocupaba anteriormente en la casa. Se trata de intentos, a falta de intervención divina, de convertir a Ifigenia en algo que no es: en una simulación vacía de aquello que habría hecho atroz su asesinato ".
Ifigenias en Áulide: multiplicidad textual, filología radical*, Sean Alexander Gurd
* aposiopesis: figura literaria de omisión, de encubrimiento, de silenciar algo, de omitir.