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miércoles, 19 de diciembre de 2018

Bastián









Había caído la tarde sobre la montaña. Acariciaban el lomo montañoso los últimos rayos de sol. El bosque al pie, fragante, delicioso se deleitaba con una brisa perfecta.



Bastián practicaba el tiro al blanco.Una y otra vez. Era caprichoso e insistente. El hijo más pequeño del conde Montfort. Bello, altivo, rebelde y arisco. Arisco como un gato indomable. Junto a él su ladero de siempre el buen escudero, Maxi. Se conocían de niños pero lejos estaban de pertenecer a lo mismo. Mientras Maxi era el hijo de la cocinera , Bastián paseaba su señorío en todo ámbito, lo hacía ver toda vez que podía.


Maxi se dejaba someter. Parecía no tener espíritu. Parecía. Aguantaba el destrato, el mal humor, las pequeñas rencillas de un Bastián enfermizo y demoníaco. A esta altura Maxi era un santo.


Esa tarde practicaban tiro al blanco junto al río, el bosque oscuro y hermoso detrás. Hasta que a Bastián se le ocurrió tirar a los conejos que su padre guardaba en los galpones. Maxi insistió que no, que eso no pero Bastián reía. Y cuando reía se veía más bello. Alto, su pelo largo, finito hería al sol, al último sol que se iba. Sus ojos azules acero, entre grises y azules te miraban y te derribaban. Era famoso en el pueblo por su belleza y por su crueldad.



Bastián no quería a nadie, ni a su familia ni a él mismo. Odiaba infinitamente a su padre, un viejo usurero y decadente. Y más aún a su madre una belleza sexagenaria, discriminadora y ex prostituta de lujo. Esos labios finitos, esas tetas siempre fuera del escote, ese labial acérrimo sobre los labios de su madre le daban asco.Vómito se decía. NO obedecía a ninguno de los dos porque no les tenía respeto. Gente enferma, seca, fría como una lápida se decía. Nunca me casaré, no tendré críos.Jamás.Esta gente no se merece descendencia se juraba.


Maxi fue hasta la jaula donde los conejos. NO quería obedecer a Bastián, no esta vez. Le obedeció tantas veces, fue secuaz en tanta revuelta, pelea, lío de faldas, robo pero esta vez no quería. Si hay algo que amaba eran los animalitos. Le daba pena ver a esos conejos pequeños terminar perforados por las flechas de Bastián. Sabía que era un demente, un insensible. Sabía que no le haría caso. Entonces se armó de valor y tomó su arco y las flechas. Y se dirigió hasta el vado y cuando Bastián lo cruzó porque no traía los conejos que le había pedido. Maxi le respondió con un flechazo entre los ojos. Y lo cubrió de flechas como un almohadón lleno de alfileres, de esos que usan las modistas cuando se disponen a coser.


Y orgulloso, Maxi vio como Bastián caía bañado en sangre. La sangre como un remolino lo cubrió cuando cayó al suelo. Y Maxi recordó las palabras de Bastián de hace unos años "Maxi no quiero envejecer me entendés ", "Estoy harto de todo Maxi "...Por eso Maxi se dijo que hacía doble justicia para con Maxi y los conejos. Que no era justo que unos animalitos fueran cazados por un tipo que se creía Dios. Y que Bastián se merecía morir porque toda su vida era un elogio a la pérdida de Tiempo, a la holgazanería y a la maldad.


Que él, Maxi había hecho honor a su clase, exterminando al depredador, al 666. Y que ya nadie nunca lo iba a mirar desde arriba y a ordenar nada. Y que no le importaban las consecuencias de su acto.Un acto reparador se decía.


La noche caía sobre los frondosos y alargados árboles. Y de las heridas de Bastián temblaba un mar rojo infinito que teñía al río, a esas horas donde sopla el viento calmo y musical.



Mónica Pedraza


(Ph:model Gabriel Bin)