El ejercicio de leer
me salvó de mil maneras.
Cuando llega el frío voraz
y se cuela en los párpados
y el cuerpo está a punto de desfallecer
con un grito en la boca dormido.
Y un ejercicio gramatical y de perfeccionismo
nos sostiene
y somos espadachines al alba
buscando a la dama que ya se ha fugado
vaya a saber dónde.
Y hablamos hasta cansarnos
con el lobo feroz
y su seducción de siglos
que nos quiere convencer
que la Caperucita no le gustaba
que apenas era una niñita
y él era todo un caballero
Que había códigos en los bosques
y nos llega la música a todas horas
del crujir de las hojas
porque aparece el verano
Y rescata a la pequeña
de gorra roja
y a su abuela
Intactas.
Y la siesta nos sirve
para amenizar tardes lentas
y hermosas como un cuento.
Mónica Pedraza
Art by David Hettinger

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