"Los lectores leían y leen el
Facundo sobrecogidos por un estado de ánimo especial, por un desgarramiento originado en el deseo de ser el
hombre de la civilización contra el hombre de la barbarie, y la sospecha de ser al mismo tiempo uno y otro hombre... Esta
escisión profunda que se abre en la conciencia de cada lector argentino es la que renueva la vida y el vigor del libro entre nosotros ; para el extranjero es una curiosidad literaria ; para nosotros, una experiencia que nos compromete el ser".
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