Se levantaba de noche,
iba al espejo y preguntaba:
¿Estás aquí?
Daba media vuelta, caía de rodillas
y miraba la nieve cayendo sin culpa
en el aire nocturno.
Gritaba:
¡Cielos, miren!
¿Ven? Aquí no hay nadie.
Se quitaba la ropa y decía:
Mi carne es una tumba sin nada adentro.
Se inclinaba hasta el espejo:
Oye, tú, tú ahí, despiértame,
dime que nada de lo que he dicho es cierto.
Mark Strand
(traducción: Octavio Armand)
ph by LA Times
