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jueves, 21 de febrero de 2019

Therese













Vos eras la que sabía todo. Vos sabías de anticipaciones y presentimientos. Mirabas más lejos y dolía. Porque siempre tu imagen estaba sola. Y el viento soplaba fuerte y batía las ventanas. El páramo de la Humanidad es perpleja y hacia allí vamos.


No tenemos tiempo, ya no. Todo pesa, hasta las alas de una mariposa. Y nada es cierto.


Vos eras la que dabas y dabas. Tus manos con olor a vainilla se van degastando. El detergente, el jabón, el Tiempo...


La acción del Tiempo sobre los muros. Carcomidos los Infiernos y el rostro del que mira sin mirar. Disueltos los pétalos de la flor sobre el césped.


Nos vamos pero no sabemos dónde. Ni Cuándo ni porqué. La pregunta se instala y clausura toda respuesta. Porque no hay respuesta donde no hay horizonte.


Un azul de profundidad. Un azul de existencia. Un color negro sobre el azul. Una oscuridad que se extingue. Un azul que no puede ser mirado.



Therese nadie diría que tienes como 100 años. Nadie podría ver tu alma sin temblar. Y llorar.

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